Hace unos días me encontré, por primera vez, con "El Principito". No pude quizá, leerlo en mejor momento. No sé como, de niña nunca encontré este libro; y de pronto, hubo un momento en el que pensé "este libro es literatura infantil". Había ya olvidado que los cuentos de Grimm y Andersen, en sus versiones originales, no son los cuentos que las películas de Disney nos presentan -y, que en verdad, se agradece-; los textos de dichos autores europeos tienen, entre líneas, una especie de sombra, de desesperación.
En menos de 80 páginas, "El Principito" hecho abajo años de prejuicio, y me hizo ver, que Saint Exupery tuvo una visión única y sincera: al crecer, vamos perdiendo la capacidad de asombro y, sobre todo, la sensibilidad de maravillarnos ante los detalles de lo cotidiano: como dijera Carpentier, quizá el día menos pensado pudiéramos descubrir, que, cada caracol manchado era, desde siempre, un poema. Porque tal y como dice el Principito, le escencial es invisble para los ojos, y por ello estamos siempre en riesgo de perdernos de la belleza de un mundo que en teoría, parece caótico y descontrolado: perdernos el reflejo del sol del atardecer sobre las nubes en una tarde de domingo, la sonrisa que un niño nos ofrece a través de sus ojos en el transporte al trabajo, una flor que pende de un árbol y cuyo contorno se dibuja contra un cielo gris...
En menos de 80 páginas, "El Principito" hecho abajo años de prejuicio, y me hizo ver, que Saint Exupery tuvo una visión única y sincera: al crecer, vamos perdiendo la capacidad de asombro y, sobre todo, la sensibilidad de maravillarnos ante los detalles de lo cotidiano: como dijera Carpentier, quizá el día menos pensado pudiéramos descubrir, que, cada caracol manchado era, desde siempre, un poema. Porque tal y como dice el Principito, le escencial es invisble para los ojos, y por ello estamos siempre en riesgo de perdernos de la belleza de un mundo que en teoría, parece caótico y descontrolado: perdernos el reflejo del sol del atardecer sobre las nubes en una tarde de domingo, la sonrisa que un niño nos ofrece a través de sus ojos en el transporte al trabajo, una flor que pende de un árbol y cuyo contorno se dibuja contra un cielo gris...
estoy de acuerdo contigo, yo también por algún tiempo pensé en "el principito" como un cuento infantil al que no le encontraba sentido; sin embargo, y a pesar de ya hace años que lo leí...sigo creando esa capacidad de asombro es díficil y más por el ritmo de vida que llevamos pero si no lo hacemos parte diaria y escencial en nuestra vida poco a poco creo yo nos privaremos de gozar de lo insignificante y que probalemente reconforte el alma no?
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